Comience por el comienzo

Mi primera “entrada” (horrible anglicismo) de Cuentos del Alambre será contarles de qué se trata.

Una vez conocí a un Sultán. No me pregunten cómo, pero lo conocí. Nos hicimos buenos amigos. Fumábamos de su Nargilé y conversábamos por horas y horas. Por alguna razón disfrutaba de mi compañía a pesar de tener un montón de mujeres en su harem, entre las cuales algunas realmente muy bonitas (no todas).

Al Sultán, que por cuestiones de privacidad llamaremos Omer, le gustaba salir de incógnito, como un mortal cualquiera, o al menos esa era su idea. Nunca le comenté que un mortal cualquiera no utilizaría 3 anillos de oro y joyas por dedo, o que un mortal cualquiera no se sorprendería si no encontraba el piso por donde habría de pasar cubierto de pétalos de rosas. Nunca se lo comenté  porque al fin y al cabo me divertían esos detalles y además, no lo podía evitar. Él no era así, él era eso.

Entonces Omer me contaba que se aburría. Se aburría mucho. Que las aves exóticas que volaban libres por sus palacios, o las bailarinas de su harem; los enanos de circo que vivían en su sótano o su criadero clandestino de pájaros Dodó no le entusiasmaban más. Se aburría y no comprendía cómo era posible que la existencia fuese sólo ésto. Insistía en que la vida debería ser siempre más interesante.

Este pensamiento me impactó profundamente por la sencilla razón de que por mucho tiempo he pensado lo mismo; y el hecho que un simple mortal como yo pensara de la misma manera que un sultán pues bueno, me confirmó que en efecto la existencia no es más interesante de lo que ya es. Ni para Omer ni para mí, y probablemente para ningún otro. Y si ustedes que ahora leen no están de acuerdo, debe ser que tienen pocas expectativas.

Cometí entonces el error de decirle cuál era mi secreto. En realidad le dije sólo una parte. Mi secreto es imaginar que soy un sultán e inventarme cuentos, así que a Omer le dije sólo que me gustaba inventarme cuentos, por razones obvias. Le comenté que era divertido tomar cosas, situaciones, lugares reales… y cambiarlas, transformarlas hasta que se nos hagan más interesantes.  Supongo yo que  es lo que cualquier escritor de ficción hace.

Y digo que fue un error porque ahora me tiene aquí, bajo amenaza de cortarme la cabeza, para que le invente historias, para que le adultere la realidad. Me advirtió que no intentara el truquito de no terminar el cuento antes de ir a dormir, que ése ya se lo sabía. Pero como somos buenos amigos logré negociar las condiciones, y he aquí este Blog, y he aquí escribir en español, y que será italiano cuando me provoque si es que me provoca, o inglés.

Una cosa positiva es que Omer es bastante ignorante y más bien caprichoso así que algunas veces podré permitirme de escribir alguna chorrada y ni se dará cuenta. Si ustedes sí lo notan, pues tendrán que hacerse los locos y no decir nada. Podría perder la cabeza.

Y claro, esta vez sí le comente que amenazar a los amigos con la decapitación no es cosa de cualquier mortal, pero no me creyó.

Anuncios

, , ,

1 comentario